| Salar de Uyuni, Bolivia |
Desde que salí de Santiago pensé que este viaje sería una buena instancia para escribir, aunque nunca tuve claro sobre qué específicamente. Y esta duda me detuvo por mucho tiempo...
Hasta que decidí cortar por lo sano y solo empezar, sin destino claro, dejando que el momento mismo de escribir me dé la respuesta.
Ahora me encuentro en Blenheim, un pequeño pueblo de Nueva Zelanda, comenzando a conocer lo que es trabajar en este país. La primera impresión que me llevo es que es un país que se mueve en gran parte gracias a los inmigrantes, ya que son la fuerza laboral que realiza todos los trabajos básicos que requiere un país. Esto hace que en general me relacione solo con ellos, ya que mis compañeros de trabajo, mi jefe, el dueño del departamento que arriendo, mis compañeros de casa y las personas que me atienden en el comercio lo son. De hecho no ha sido broma cuando he dicho que no conozco a los "Kiwis" (forma como se denominan a sí mismos los neozelandeses de origen británico, que son los que dirigen el país, y que son muy distintos a los maoríes, que son los originales habitantes de estas tierras y que son tema de otro texto).
Es tan fuerte la influencia de los inmigrantes en la cultura de este país que los restaurantes son en su mayoría de comida asiática, que hasta en el pueblo más pequeño uno encuentra un supermercado de alimentos asiaticos y que es de lo más normal que tu lengua materna no sea el inglés, por lo cual ayudan harto a aquellos que como yo todavía no lo manejan bien.
Como ya inferirán, los asiáticos son mayoría, pero también hay mucho latinoamericano. Por ejemplo en el pueblo donde estoy hay un grupo grande de brasileños residentes, más algunos chilenos, mexicanos y argentinos que andan como yo, con la visa Working Holiday que permite trabajar por lapsos cortos de tiempo.
La cosa es que si bien es un país tolerante, ya que no he visto nunca una actitud mala hacia un inmigrante, no hay una real integración de locales con visitas, debido a que no existen instancias de encuentro popular que permitan el diálogo. Creo que en eso se parece harto a Chile, que tampoco genera puntos de encuentros (claro ejemplo es la gran cantidad de inmigrantes de los pueblos latinoamericanos vecinos que han llegado al país en los últimos años y que no ha sido acompañada de políticas de integración que permitan acercarlos al pueblo chileno, generando un estigma hacia ellos, "los desconocidos", los que vienen a robar o a quitar la pega).
Acá en Nueva Zelanda no veo que suceda eso, porque en el realidad sin los inmigrantes este país no se movería, pero si hay una separación concreta, racial, que parte probablemente de la separación originaria de estas tierras, la que divide fisiológicamente al país en dos: los maoríes y los "ingleses".
De hecho es difícil definir la identidad de este país, ya que internamente tiene una lucha de culturas que no dialogan mucho y que en su mayoría hacen referencia a lugares que no son la isla misma (cada raza se relaciona con sus iguales, escucha su propia música y asiste a los lugares donde sirven su comida). Lo único común es que todos tratamos de hablar inglés y que la mayoría se mantiene en este lugar porque ofrece un estándar de vida que permite, con el sueldo mínimo, vivir cómodamente. En el fondo aquí el ser tolerante no se basa en el interés por el otro que es distinto, sino que es una requisito para la funcionalidad...
Quizás en la mayoría del mundo sea así y no me haya dado cuenta.